-Sí, sí.
-Dicen que ha vendido su alma.
-No puede ser, ¿él?
-Seguro que ha sido para seguir hechizando muchachas.
-Definitivamente, es un mujeriego.
-Eso sí, no le he visto comprometerse con ninguna.
-Pues parece ser que ha pedido la mano de Solphye.
-No me lo puedo creer, tiene que ser una broma.
-Lo digo en serio, he visto el anillo de cerca y no ha reparado en gastos.
-¿Es de oro?
-Sí, pero adornado por cuatro diamantes y dos esmeraldas.
-¡Qué lujo!
Rumores correteaban acerca de él, yo ya no sabía que pensar. Cada vez eran más insólitos. ¿Cómo se iba a comprometer de tal manera un muchacho de 23 años?
Aquella bruja de lengua viperina cada día inventaba nuevas historias en las que, cómo no, ella era la protagonista. Solphye, bella pero embustera y peligrosa.
Ocupaba mi mente día a día cuidando de Buyu, el pequeño conejo hiperactivo. Que por cierto, no hacía más que corretear de un lado para otro, ajeno al mundo humano.
Cada noche lloraba en lo que se convertiría en mi lecho de muerte si él no regresaba pronto.
Poco a poco, iba perdiendo peso de no ingerir alimento alguno. Continuos dolores de cabeza, mareos y vómitos. Iba destrozando mi salud aquel virus al que suelen llamar comúnmente amor. Aquel parásito comía pedazo a pedazo mi corazón, que a duras penas y con esfuerzo latía.
Acude a mí, te lo ruego. No sé cuánto más podré seguir jugando a este juego.
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Muchísimas gracias a aquellos que me habéis animado a seguir escribiendo, lo aprecio mucho =)
Y también a aquellos que leéis mi historia, que sin vosotros la historia no continuaría.