Me desperté con un dulce canto, el canto de las coloridas aves. El viento me acaricia como si fuese un recién nacido. Pero había algo que me hacía estremecer.
¿Qién soy? ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? Demasiadas preguntas, una sola respuesta. No lo sé.
No logro recordar nada, sólo vagas situaciones. Todo es nuevo para mí. El tacto de la hierba, el sonido del riachuelo, el calor del día, el dolor... ¿Dolor? ¿Por qué siento dolor? Mi pierna sangra, debe ser eso.
Pero no es lo único que me duele. ¿Qué es esta sensación para nada agradable? Reposa en mi pecho, ardiendo por todo mi cuerpo.
Alguien. Es el rostro de una persona. Es bastante difuso, pero creo que parece una muchacha. Sí, lo es. Es una muchacha. Sólo logro ver sus ojos. Son tristes, demasiado tristes. Supongo que es eso lo que me hace daño.
Debo encontrar a esa muchacha. Debo hacer que en sus ojos brille la felicidad. Sólo así apagaré ese fuego que me consume por dentro, quemando mis entrañas y comiéndose poco a poco la poca cordura que me queda.
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