Amasa. Más fuerte. Amasa. Sigue amasando.
El amo quiere que la fiesta sea perfecta, nada puede escapar de su minucioso control.
- Más brío que es para hoy, esclava.
Veinte años, veinte años bajo su estricto yugo. Soportando sus insultos, temiendo sus palizas, llorando todas las noches, consumida en dolor.
- Esclava…
- Mi nombre es Haydel, amo.
El dorso de su mano chocó contra mi cara, implacablemente.
- Insolente niñata, ¿y si ahora me apetece llamarte “Mocosa”? Lo he decidido, tu nombre será Mocosa. ¿Te gusta?- preguntó desafiante.
No respondí por miedo a aumentar su enfado.
- ¡Te he hecho una pregunta, Mocosa!
Me volvió a pegar repetidas veces.
- ¡Sí! ¡Sí me gusta, amo!
- ¡Mentirosa!- rugió, a la vez que me empujaba contra la pared.
Salió corriendo, enfadado.
Intenté levantarme pero me fallaron las extremidades y regresé al frío suelo. Me sentía mareada y la cabeza me dolía a horrores. Me pasé la mano por la nuca y observé una gran mancha roja empapar mi palma.
Un hilillo color carmesí había escogido como cauce mi cuello, deslizándose poco a poco por él hasta llegar al suelo.
Sentí que alguien me cogía en brazos. Escuche sus latidos y su respiración. Cerré los ojos y me adentré en un profundo sueño pesado y angustioso.
O_O pobrecita!!
ResponderEliminar